Voy a llevar adelante
un pequeño proyecto
Voy a poner la letra
bien grande
y voy a seguir cruzada de piernas
parpadeando lento
porque me pesan los ojos
después
le voy a poner colores a esto
Y voy a pensar
en cuánto falta
para que se hagan las diez y media, las once y las doce
y cuánto me queda
hasta largar mi úlimo aliento
martes, 29 de junio de 2010
Hormiguita viajera
aeuriheiurh3iuh4ui32h4iu2h34iu2h423940we^+pàe´çreñ+`rpñ342'¡0¿?=)=/)(&/$%·%$·&%¨Ñ_KHFG%(& OIU(
¡Puf! Lindísimo el título, che.
No, no es un cuento de la infancia ni otra historia que inventé para Totó.
Es cri-cri-cri-cristina.
Cristina, ¡¡¡no quiero estudiar más!!!
Cristina me miró como sorprendida, con la cara de estar como sorprendida que tiene todo el tiempo.
Lo distinto es que Cristina me había escuchado y estaba pensando, me había prestado sincera atención.
Hipotéticamente hablando: si le digo a mi mamá lo que le dije a Cristina, su respuesta se restringe a la mera acción cansina de chistar; si le digo a mi hermano, sigue jugando a la play.
Eso me pasa
por seguir buscando
en los mismos
viejos
rincones
de siempre.
¡Cristina me escuchó!
Me miró
con su carita nítida y preclara
en el sol del departamento del onceavo piso
y me preguntó:
¿querés trabajar?
Antes de mirarme de nuevo, pensarlo un poco más y preguntarme:
¿para qué estudiás una carrera tan larga?
¡Puf! Lindísimo el título, che.
No, no es un cuento de la infancia ni otra historia que inventé para Totó.
Es cri-cri-cri-cristina.
Cristina, ¡¡¡no quiero estudiar más!!!
Cristina me miró como sorprendida, con la cara de estar como sorprendida que tiene todo el tiempo.
Lo distinto es que Cristina me había escuchado y estaba pensando, me había prestado sincera atención.
Hipotéticamente hablando: si le digo a mi mamá lo que le dije a Cristina, su respuesta se restringe a la mera acción cansina de chistar; si le digo a mi hermano, sigue jugando a la play.
Eso me pasa
por seguir buscando
en los mismos
viejos
rincones
de siempre.
¡Cristina me escuchó!
Me miró
con su carita nítida y preclara
en el sol del departamento del onceavo piso
y me preguntó:
¿querés trabajar?
Antes de mirarme de nuevo, pensarlo un poco más y preguntarme:
¿para qué estudiás una carrera tan larga?
viernes, 25 de junio de 2010
El limón escribe otra vez en una nueva negativa a irse a encontrar con el Hada de los Sueños
Otro posible título: Correspondencia
Una explicación: correo electrónico que le mandé a Anahí
Geografía: Buenos Aires - Rosario
Lengua: inglesa, lamentablemente
Simpler! Simpler! "More simple", I wrote.
I noticed that while re-reading the e-mail I sent you, and then I read yours.
"Simpler", you wrote.
Hopefully you will have read the P.S. e-mail by now.
On which I said I will most joyously lend you A Clockwork Orange.
Yes, I'm sure you must.
Funny you mention dizzy. There is so much that can be described with that word right now!
So as my sight, eyes, lids, lashes, thoughts, ideas, words, etc., etc., etc.
Something you definitely don't need to learn about me: probably due to my current and very strong nervousness, my favorite hobby of the moment happens to be biting my tongue. I'm doing it right now, and my tongue has started to bleed. Ouch! It hurts.
Something else you don't need to know, but that you probably already know anyway: I'm doing a LOT of writing. And I'm going a little insane in my doing so.
Shoot! I cannot stop the biting, I seriously can't! And it hurts so bad it's beautiful! Didn't I tell you I'm insane?
As you can see, lack of sleep and overdose of to-do lists do not make much of a nice, healthy cocktail, do they?
Bleeding like hell, and just about to collapse,
Lemon.
Una explicación: correo electrónico que le mandé a Anahí
Geografía: Buenos Aires - Rosario
Lengua: inglesa, lamentablemente
Simpler! Simpler! "More simple", I wrote.
I noticed that while re-reading the e-mail I sent you, and then I read yours.
"Simpler", you wrote.
Hopefully you will have read the P.S. e-mail by now.
On which I said I will most joyously lend you A Clockwork Orange.
Yes, I'm sure you must.
Funny you mention dizzy. There is so much that can be described with that word right now!
So as my sight, eyes, lids, lashes, thoughts, ideas, words, etc., etc., etc.
Something you definitely don't need to learn about me: probably due to my current and very strong nervousness, my favorite hobby of the moment happens to be biting my tongue. I'm doing it right now, and my tongue has started to bleed. Ouch! It hurts.
Something else you don't need to know, but that you probably already know anyway: I'm doing a LOT of writing. And I'm going a little insane in my doing so.
Shoot! I cannot stop the biting, I seriously can't! And it hurts so bad it's beautiful! Didn't I tell you I'm insane?
As you can see, lack of sleep and overdose of to-do lists do not make much of a nice, healthy cocktail, do they?
Bleeding like hell, and just about to collapse,
Lemon.
domingo, 20 de junio de 2010
El baño cerrado (o la historia de una piba y un puñado pelotudo de sandeces)
Dejame de joder, te digo que me dejes de joder!
G. la miró cansado, como se venía sintiendo desde hacía rato. R. se había puesto, con el tiempo, muy rompepelotas. Era irónico que ella le estuviera diciendo a él que se dejara de joder.
Ves, pelotudo? Me tiemblan las manos, no sé qué más decirte, me exasperás.
G. masticaba despacito la bronca, se empezó a apretar en el puño un huevo para aguantar escupir las cosas que quería escupirle.
No trates de ayudarme, nene. Me voy.
R. salió de la estación de servicio caminando rápido, como para que la baja temperatura le azotara un poco la cara y la hiciera sentir más viva. Era de día en la ciudad fría, una mañana ideal para bajarse una botella de coñac.
Me servís un trago?
Qué querés tomar?
Quedó ron?
No.
La puta madre, qué tienen adentro ustedes, una esponja?
No, pendeja, estamos más secos que una piedra pómez.
Son una manga de mierdas, pelado, vos y todos tus muertos son una manga de mierdas.
Te puedo ofrecer ferné, piba, nada más.
Bueno, dale.
R. bebió hasta saciarse y coronó la ronda con un hermoso y sonoro eructo.
Por qué estás tan borracha, nena, por qué hacés siempre lo mismo?
Vos me preguntás que por qué, que sí, porque estoy, borracha, decíme, leíste, eh, vos los cuentos de Dublín?
No sé por qué sos así.
Dejame en paz, tarado, ser borracha. No estoy, nene, dejame, soy! Qué te tengo que explicar, explicarte yo a vos, qué. No me quieras preguntar qué me pasa si no me das uno de vino, barato me das el vino porque caro de los buenos no, qué tenés, no me quiero, no quiero que me ayudes, salí.
Como digas, nena, chau.
R. se fue al baño a vomitar un poco pero no pudo, luego se cansó y se sentó en el piso mugriento abrazada al inodoro.
Que no me jodas más, no quiero tu lástima, sacá esos ojos de marrano que tenés cuando me mirás que yo me lamo las heridas sola, mojigato, sorete, pánfilo.
Cerró la puerta y puso la traba, quería estar en la intimidad con el inodoro, acaso entrara algún bueno para nada a joder un poco más.
El piso seguía sucio y pegoteado debajo de las piernas acurrucadas de R. cuando ella dejó de respirar. Los demás demoraron unas horas en preguntarse por dónde andaría y empezar a buscarla, y cuando dieron con el baño les dio trabajo abrir la puerta. Sobre todo, les costó mucho forzar la traba desde afuera.
G. la miró cansado, como se venía sintiendo desde hacía rato. R. se había puesto, con el tiempo, muy rompepelotas. Era irónico que ella le estuviera diciendo a él que se dejara de joder.
Ves, pelotudo? Me tiemblan las manos, no sé qué más decirte, me exasperás.
G. masticaba despacito la bronca, se empezó a apretar en el puño un huevo para aguantar escupir las cosas que quería escupirle.
No trates de ayudarme, nene. Me voy.
R. salió de la estación de servicio caminando rápido, como para que la baja temperatura le azotara un poco la cara y la hiciera sentir más viva. Era de día en la ciudad fría, una mañana ideal para bajarse una botella de coñac.
Me servís un trago?
Qué querés tomar?
Quedó ron?
No.
La puta madre, qué tienen adentro ustedes, una esponja?
No, pendeja, estamos más secos que una piedra pómez.
Son una manga de mierdas, pelado, vos y todos tus muertos son una manga de mierdas.
Te puedo ofrecer ferné, piba, nada más.
Bueno, dale.
R. bebió hasta saciarse y coronó la ronda con un hermoso y sonoro eructo.
Por qué estás tan borracha, nena, por qué hacés siempre lo mismo?
Vos me preguntás que por qué, que sí, porque estoy, borracha, decíme, leíste, eh, vos los cuentos de Dublín?
No sé por qué sos así.
Dejame en paz, tarado, ser borracha. No estoy, nene, dejame, soy! Qué te tengo que explicar, explicarte yo a vos, qué. No me quieras preguntar qué me pasa si no me das uno de vino, barato me das el vino porque caro de los buenos no, qué tenés, no me quiero, no quiero que me ayudes, salí.
Como digas, nena, chau.
R. se fue al baño a vomitar un poco pero no pudo, luego se cansó y se sentó en el piso mugriento abrazada al inodoro.
Que no me jodas más, no quiero tu lástima, sacá esos ojos de marrano que tenés cuando me mirás que yo me lamo las heridas sola, mojigato, sorete, pánfilo.
Cerró la puerta y puso la traba, quería estar en la intimidad con el inodoro, acaso entrara algún bueno para nada a joder un poco más.
El piso seguía sucio y pegoteado debajo de las piernas acurrucadas de R. cuando ella dejó de respirar. Los demás demoraron unas horas en preguntarse por dónde andaría y empezar a buscarla, y cuando dieron con el baño les dio trabajo abrir la puerta. Sobre todo, les costó mucho forzar la traba desde afuera.
sábado, 19 de junio de 2010
Cuentos de la buena...
Hoy le conté un cuento a Totó.
El cuento era más o menos así:
Natalio Ruiz estaba un poco aburrido. Vivía en un departamento chiquito y ocupaba su tiempo de la siguiente forma: iba a trabajar, volvía, lavaba las medias sucias con agua y jabón, tomaba un café, secaba las medias, se las ponía y se iba a dormir.
Un día se encontraba en su balcón sentado en un taburete, muy pero muy concentrado mirando una nube que tenía forma de tetera cuando, de pronto, pensó: "Qué aburrido esto, che. Nadie me viene a visitar, no me llaman por teléfono, no me encuentro a nadie por la calle." Y entonces:
ding dong!
Natalio Ruiz sobresaltado se dirigió a la puerta y espió por el postigo.
Noroeste, nada.
Sudeste, nada.
Nada de nada, miró en todas direcciones y allí no había nadie.
Regresó a su balcón.
El cuento era más o menos así:
[recordar: Totó tiene cinco años y yo no tengo mucho cerebro]
Natalio Ruiz estaba un poco aburrido. Vivía en un departamento chiquito y ocupaba su tiempo de la siguiente forma: iba a trabajar, volvía, lavaba las medias sucias con agua y jabón, tomaba un café, secaba las medias, se las ponía y se iba a dormir.
Un día se encontraba en su balcón sentado en un taburete, muy pero muy concentrado mirando una nube que tenía forma de tetera cuando, de pronto, pensó: "Qué aburrido esto, che. Nadie me viene a visitar, no me llaman por teléfono, no me encuentro a nadie por la calle." Y entonces:
ding dong!
Natalio Ruiz sobresaltado se dirigió a la puerta y espió por el postigo.
Noroeste, nada.
Sudeste, nada.
Nada de nada, miró en todas direcciones y allí no había nadie.
Regresó a su balcón.
[continuará]
[o tal vez no]
sábado, 12 de junio de 2010
Excusas para dilatar el hacerse cargo de las obligaciones
Tal vez entró algún tipo de animal salvaje a mi habitación cuando yo no estaba presente, o tal vez haya un nido de chinchillas debajo de la cama, porque el otro día encontré el cable del velador -velador que no tiene mesa ni lugar fijo, sino que va cambiando de lugar con la voluntad del viento- roído, destrozado. Al carajo la posibilidad de luz de madrugada para poder leer a escondidas.
Entonces, robé el de mi hermano, que tiene un cable considerablemente corto, por lo cual tuve que retorcerme y asomarme fuera de la cama para llegar a iluminarme apenas, y leer.
Sí, tendría que haber estado estudiando porque se avecina una abundancia abominable de exámenes, pero preferí leer.
Tres Coma Catorce, léase mi amiga Pi, vino a mi casa, justamente, a estudiar.
No lo hicimos.
Nos enredamos hasta las cuatro de la mañana en una conversación enmarañada sobre cosas tan disímiles y peludas como son las relaciones humanas, los besos insulsos, los secretos del rincón oscuro de la conciencia, la depilación de las partes pudendas. Hasta nos pusimos un poquito melancólicas, un poquito serias.
Hoy me levanté a las Ocho Menos Cuarto, y, déjenme decir, un poco al pedo. La mañana me ocupó de la siguiente forma: 1/4 de estudio; 3/4 de charla amena, mate, papas al horno, café, La aventura del pensamiento de Savater y una cachorra juguetona que se llama Paloma (que más que una paloma parece una suricata).
¡Las circunstancias apremian! Ahora también, lo sé, debería estar estudiando, y no cantando otra vez, por milésima y definitivamente no por última vez, esa canción.
Entonces, robé el de mi hermano, que tiene un cable considerablemente corto, por lo cual tuve que retorcerme y asomarme fuera de la cama para llegar a iluminarme apenas, y leer.
Sí, tendría que haber estado estudiando porque se avecina una abundancia abominable de exámenes, pero preferí leer.
Tres Coma Catorce, léase mi amiga Pi, vino a mi casa, justamente, a estudiar.
No lo hicimos.
Nos enredamos hasta las cuatro de la mañana en una conversación enmarañada sobre cosas tan disímiles y peludas como son las relaciones humanas, los besos insulsos, los secretos del rincón oscuro de la conciencia, la depilación de las partes pudendas. Hasta nos pusimos un poquito melancólicas, un poquito serias.
Hoy me levanté a las Ocho Menos Cuarto, y, déjenme decir, un poco al pedo. La mañana me ocupó de la siguiente forma: 1/4 de estudio; 3/4 de charla amena, mate, papas al horno, café, La aventura del pensamiento de Savater y una cachorra juguetona que se llama Paloma (que más que una paloma parece una suricata).
There are places I'll remember
All my life, though some have changed
Some forever, not for better
Some have gone, and some remain
martes, 8 de junio de 2010
A veces me gustaría haber nacido de un repollo
Digamos que:
no está bueno que tu abuela te llame por teléfono cuando estás en clase, pero sí lo está tener la sabia costumbre de poner el celular en silencio siempre. Entonces, lo que no está bueno es que la nona te deje un mensaje en el buzón de voz pidiéndote por favor, con tono grave y apesadumbrado, que le expliques cómo prender los parlantes de la computadora.
Otra cosa:
me puse a llorar porque no me pude comprar un libro.
Y sigo:
en mi pieza no se puede caminar, está llena de cajas y pilas de cosas, apenas si entro. Por lo tanto lloré un poquito más. Pero en la pieza sólo cayeron las últimas lágrimas, que fueron unas pocas en comparación con las primeras, las de la explosión repentina inicial, perlitas que me humedecieron los ojos y los cachetes mientras permanecía encerrada en el baño frío, apretando muy fuerte los párpados como si deseara reventar de una todas mis neuronas.
Te cuento:
mi caballo blanco se pelea con mi caballo negro, y Platón es un facho pelotudo.
Pero lo que sí:
está bárbaro meterte en una librería concheta y encontrar una joyita por seis pesos, de una editorial que se la banca. Y que aún te sobren unos mangos para un café de Marcelo, adorable hombre alto que ya no tiene rastas.
Ya sé, me copé sobremanera con lo azaroso de este tibio confesionario de martes otoñal.
Sin embargo:
no creo que hacer caso omiso a mis impulsos sea sensato, y, aunque sí lo fuese, no lo voy a hacer. Voy a escuchar mis impulsos, y vamos a charlar con la almohada.
Por último:
dejemos las cosas claras, vos y yo. Me viste contenta y me pegaste durísimo, junio.
no está bueno que tu abuela te llame por teléfono cuando estás en clase, pero sí lo está tener la sabia costumbre de poner el celular en silencio siempre. Entonces, lo que no está bueno es que la nona te deje un mensaje en el buzón de voz pidiéndote por favor, con tono grave y apesadumbrado, que le expliques cómo prender los parlantes de la computadora.
Otra cosa:
me puse a llorar porque no me pude comprar un libro.
Y sigo:
en mi pieza no se puede caminar, está llena de cajas y pilas de cosas, apenas si entro. Por lo tanto lloré un poquito más. Pero en la pieza sólo cayeron las últimas lágrimas, que fueron unas pocas en comparación con las primeras, las de la explosión repentina inicial, perlitas que me humedecieron los ojos y los cachetes mientras permanecía encerrada en el baño frío, apretando muy fuerte los párpados como si deseara reventar de una todas mis neuronas.
Te cuento:
mi caballo blanco se pelea con mi caballo negro, y Platón es un facho pelotudo.
Pero lo que sí:
está bárbaro meterte en una librería concheta y encontrar una joyita por seis pesos, de una editorial que se la banca. Y que aún te sobren unos mangos para un café de Marcelo, adorable hombre alto que ya no tiene rastas.
Ya sé, me copé sobremanera con lo azaroso de este tibio confesionario de martes otoñal.
Sin embargo:
no creo que hacer caso omiso a mis impulsos sea sensato, y, aunque sí lo fuese, no lo voy a hacer. Voy a escuchar mis impulsos, y vamos a charlar con la almohada.
Por último:
dejemos las cosas claras, vos y yo. Me viste contenta y me pegaste durísimo, junio.
Recortes del rabo de una semana y la nariz de la que le siguió
- Las tres lechonas estaban tiradas en la pieza sin noción de las cosas y del tiempo, los colchones en el piso y las sábanas desordenadas. El tema de Joyce y Lacan las ocupó por cerca de tres minutos, y entonces la Sarli dijo: "Hablemos de hombres", y a la mierda Joyce y Lacan.
- Yo reposaba mis piernas estiradas sobre la pared y las observaba, o más bien observaba la silueta negra que de ellas dibujaban las suaves medias cancanes. Asuntos que surgieron en la conversación mientras yo miraba mis piernas y pensaba en hombres: mis zapatos pequeños, mis botas de empleado de Acindar, mis pelos despeinados.
- Empecé a soñar con un chef. No entablé conversación con ningún vendedor de ninguna librería este fin de semana.
- Descubrimos a mi papá deambulando borracho en calzoncillos por la casa como buscando algo. Luego palmó sin más en la privacidad de sus aposentos y nadie jamás lo pudo despertar, con lo cual yo aproveché para tomarme un dulce vino oscuro. Mientras, Maricel y Marisol me contaban sobre el chef. Los calzoncillos de mi papá eran rojos, con corazoncitos blancos.
- El insomnio nos agarró desprevenidos y nosotros nos comportamos como dos pendejos. Se acercaban las altas horas de la mañana cuando Mariano y yo descargábamos los planes de estudio de todas las ingenierías habidas y por haber, y la amenaza tácita del sol cada vez más cerca.
- Terminé la velada pegando en mi agenda, en el día de mi cumpleaños, con un marco de preciosos firuletes negros en birome alrededor, una figurita de un paraguayo llamado Cristian Riveros, que forma parte del seleccionado de dicho país en este mundial, y que cumple años el mismo día que yo.
P.D.: si usted tiene manejo del idioma inglés y está de ánimos para leer el mejor cuento jamás escrito, entonces probablemente NO deba hacer click aquí.
lunes, 7 de junio de 2010
Mi nuevo apodo
Como no soy original, voy a escribir un manojo de cosas tontas. A saber: no tengo ganas de andar volándola con el ingenio y con la pose; esto, hoy, es lo que hay. ¿A quién le sigo dando explicaciones? ¡Upa! Cartelito. Se escuchó el tilín del msn en mi ventana y lo miro como si fuera a encontrar algo para mí, ¡pero qué digo! Si yo no chateo. Sofía, estudiante, ciudadana, hija, hermana, amiga, chamuyera, desaparecida, nadie sabe dónde está. Pero lo que sí, ¡Sofía no chatea! Y ahora más que upa, epa, que estoy hablando en tercera persona otra vez y eso no está bien. Mientras hablo, les comento, se me están escapando los dedos a cualquier tecla y no paro de escribir una aberración tras otra. ¡Be larga, por favor! ¡Be larga de Boluda! Borro, arreglo. Escribo de vuelta. Y así todo el tiempo, y esto deviene en un divagar sin sentido, sin más propósito que jorobarlo a usted, señorito lector. Sin más lo saluda atentamente,
la loca del sombrero.
El lunes, el otoño
Los árboles, los autos que pasan, la calle, el frío, las hojas secas, el mejor amarillo a lo Wes Anderson; el otoño, en definitiva.
Los pensamientos, la pizca de sal en mi boca y de remordimiento, el asiento del taxi, la noche más inconmensurable, las carpetas incautas en mis brazos, las llaves que se agitan en mi mano, mis ojos cansados, el recuerdo, las horas, demasiado, basta.
Se mueve, va llegando, ya casi, cada vez más cerca, por allá, acá está bien, tomá, cobrame doce, adiós señorita, el ruido de la puerta que se cierra, la distancia que recorren mis pasos, el piso gris, el tintineo metálico del cerrojo, el pasillo.
Y la familia, el hogar, la cena, el calor, la sonrisa de mamá, algún programa que no quiero ver.
Y con mucho menos ya me alcanza, con ir de llanto en risa, de estación en estación.
Los pensamientos, la pizca de sal en mi boca y de remordimiento, el asiento del taxi, la noche más inconmensurable, las carpetas incautas en mis brazos, las llaves que se agitan en mi mano, mis ojos cansados, el recuerdo, las horas, demasiado, basta.
Se mueve, va llegando, ya casi, cada vez más cerca, por allá, acá está bien, tomá, cobrame doce, adiós señorita, el ruido de la puerta que se cierra, la distancia que recorren mis pasos, el piso gris, el tintineo metálico del cerrojo, el pasillo.
Y la familia, el hogar, la cena, el calor, la sonrisa de mamá, algún programa que no quiero ver.
Y con mucho menos ya me alcanza, con ir de llanto en risa, de estación en estación.
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