sábado, 20 de febrero de 2010

Mi pijama escocés

-Mis manos ciertas veces / dan la rara impresión de cosa muerta -empecé aquella noche de verano, mientras alzaba levemente mis manos y las observaba pensativa -.
Ellas me miraban, mis dos manos y mis dos amigas, echadas como dos de las tres mujeres despechadas que habitaban por un momento ese sillón que solía estar en el rincón debajo de la escalera de Berlín.
Seguí. Seguí recitando a Emilia Bertolé y seguí moviendo las manos y me seguían mirando, mis manos, con su blancura trémula y, mis amigas, con sus caritas de Droopy. Cuando terminé con mis palabras melancólicas pasaron Everybody hurts y las tres despechadas nos miramos nuevamente.
Me invadió entonces una rabia silenciosa y un enorme deseo de mandar todo a la mierda, y decidí que ya había tenido suficiente amargura por una noche. Berlín, Emilia Bertolé, R.E.M, basta. Basta!
Y llegó él, quien se suponía que no iba a estar allí esa noche, y yo miré su cara con una sonrisita cruel, disfrutando del momento previo a mandarlo a él y todo lo demás a la mierda, ese momento en el que yo sé exactamente todo lo que va a ir sucediendo después y él no tiene idea. Y él me miró con su propia sonrisita cruel, su sonrisita de siempre, esa sonrisa sin intenciones de crueldad pero que para mí fue siempre cruel. Y estiró su mano frente a mí y me mostró algo. Era un pin. Me miró con su sonrisita, y me lo regaló. Mis mariposas negras se desvanecieron lentamente en el aire, fundiéndose con el calor de aquella noche de verano.

-¡Y Poroto es Gunther! -me río una noche de verano un año después de la noche de verano en el sillón del antiguo rincón, las mismas tres trolas, Berlín siempre, ahora echadas en otro sillón.
Sigo riendo y sigo diciendo que Berlín es nuestro Central Perk y que el sillón en el que estamos sentadas es nuestro sillón de Central Perk y que en vez de tomar café tomamos cerveza. 'Me di cuenta de que ya no tomo otra cosa, pasa como agua.' Y me acuerdo al vernos a las tres en el sillón de aquella noche en el otro sillón que ya no está. Pienso en todas las cosas que estaban en ese entonces y que ya no están. 'Ya no estamos despechadas', les digo a mis dos trolas que esta noche no me miran con cara de Droopy. Y esta vez R.E.M no me canta en el oído, en mi oído baila Fito con su Polaroid. Mariposas de todos colores. Me llega un mensaje. A mi derecha llegan más mensajes. Dejamos de hablar de Central Perk.
Las mariposas no se desvanecieron, se volvieron negras, negrísimas. No veo ninguna luz al final del túnel y no escucho ni a R.E.M ni a Fito. '¿Un tequila? Un tequila basta para que saques esa cara de orto?' No recito a Emilia, ni escucho ni a R.E.M ni a Fito, ni a Led Zeppelin ni a Jethro Tull. 'No me lo compres, no te quiero deber plata.' 'Sofía, te lo tomás.' 'No te quiero deber plata.' No quiero deber plata ni quiero hablar ni me quiero ir ni me quiero quedar. 'Te lo tomás.' Las mariposas no se desvanecieron, se volvieron negras, negrísimas, pero el tequila las emborrachó.

La noche después de la noche un año después de la noche del sillón que ya no está.
-Sofi, a qué hora es el recital? Me parece que es a las nueve y ya son las ocho. Pará que estoy averiguando. Es a las diez. Pasás por mi casa?
-Bueno. Estate lista.
Sms. Sofi, vienen a mi casa después del recital? Yo aún no lo sé pero le digo: Je crois que oui. Mi pijama escocés y yo nos vamos a extrañar otra noche más. Esa noche es hoy.