lunes, 26 de abril de 2010

Acaso la justicia empieza allí, cuando se canta por ella, cuando se grita, cuando se sufre y cuando se cree, cuando queremos justicia. Esto pensaba yo mientras el pororó seguía y seguía pasando entre las manos que tamborileaban los dedos al ritmo de la música, y así también el mate, de mano en mano. Te miro, absorta en tu guitarra y en su rasguido hermoso y doloroso.
Y yo comía pororó de la mano de Nati, con el frío de otoño y debajo de la bóveda estrellada, de tu mano como una palomita, y quién sabe, Nati, si no soy justamente tu palomita y vos me podrías enseñar a volar. Hay personas y momentos que son mi trampolín.
Un día me di cuenta de que siempre que miro la luna está llena, y desde eso cada vez que la miré no lo estaba más. Apenas asomando, burlona se reía de mí. No, no siempre estoy llena, me decía. Pero anoche sí lo estaba, lo estaba otra vez, y por primera vez en mucho tiempo.