¡No! No he muerto. ¡No! No me he convertido en leprechaun. ¡No! No estoy embebida en el estudio. ¡No! No me puse cursi y melancólica. ¡No! No distingo el sueño y la vigilia. ¡No! No me hincó el diente la rutina. ¡No! No escasea la ambición. ¡No! No tengo ganas de explicar.