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¡Puf! Lindísimo el título, che.
No, no es un cuento de la infancia ni otra historia que inventé para Totó.
Es cri-cri-cri-cristina.
Cristina, ¡¡¡no quiero estudiar más!!!
Cristina me miró como sorprendida, con la cara de estar como sorprendida que tiene todo el tiempo.
Lo distinto es que Cristina me había escuchado y estaba pensando, me había prestado sincera atención.
Hipotéticamente hablando: si le digo a mi mamá lo que le dije a Cristina, su respuesta se restringe a la mera acción cansina de chistar; si le digo a mi hermano, sigue jugando a la play.
Eso me pasa
por seguir buscando
en los mismos
viejos
rincones
de siempre.
¡Cristina me escuchó!
Me miró
con su carita nítida y preclara
en el sol del departamento del onceavo piso
y me preguntó:
¿querés trabajar?
Antes de mirarme de nuevo, pensarlo un poco más y preguntarme:
¿para qué estudiás una carrera tan larga?