martes, 27 de julio de 2010
Era una tarde como cualquier otra, la bombacha negra con puntillas de mi abuela me miraba desde una silla al lado mío, ambas en la misma pieza, la bombacha y yo en la pieza chica. Volaban mis pelos en un halo de fantasías de cartón, siguen volando. No pasó mucho tiempo, esa tarde era hoy, antes de que cayera el sol y yo regresara a casa en un bondi muy reacio a tragarse mis monedas sucias. "Gorda, ¿por qué no hiciste milanesas?", dijo Lolo a mi vieja cuando se percató de la niña mugrienta sentada en la cocina, yo. Fingí dormir, el día de hoy fingí dormir una siesta pero ya no puedo ni mentirme a mí misma, mi prevaricación es cada vez más sincera. Las decisiones flotan en el aire y las atrapo como cazando mariposas, observo el silencio que precede a la praxis. Tal vez sería mejor que las cosas no me salieran bien todo el tiempo, no es funcional a mis anhelos mi suerte de hija de puta. Argentina, una camiseta de Argentina me mira desde la cama de mi hermano sobre el edredón azul esta noche, una noche casi como cualquier otra. "Mirá lo que te compré", me sorprendió Lolo con una emoción que lo pintaba como a punto de regalarme un pony, una manzana, me enseñó una sonrisa y una manzana. ¡Verde, brillante! ¡La discordia!, pensaba yo en el bondi hoy, la discordia, una manzana vive danzando en el enredo de nuestros pies, me voy, me largo, me llevo mis pies y mi fruta prohibida a sembrar encontronazos a otro lugar.