De repente, estoy en una reunión con amigos hablando sobre el rol fundamental de Clarín en el ascenso de Belgrano, la oligopólica difusión facsimilar del Arte del Bicentenario, la transformación del Rubro 59 en un acervo de informaciones encubiertas y el proyecto de los cuatriciclos de Boasso, y me abstraigo para reconocer en mi cabeza la inminencia de dos sentimientos imposibles de ignorar. Uno es cariño. El cariño inmenso de quien viste de cierto aprecio por la vida el encontrar hoy los rostros inevitables de la nostalgia de mañana. Tengo una forma maricona de querer. El otro sentimiento es la invitación a un terror. Recuerdo aquella mujer que tenía pelo de escobillón y que nos solía perseguir de niños. Sus ojos trataban de mantener impasibles las cortinas de una tranquilidad forzada, cuando quería sostenerme la mirada. Detrás, siempre supe que eran ojos batiéndose a duelo consigo mismos. Recuerdo aquella mujer. ¿Habrá sido en algo bruja? Vestí los aros que me obsequió hasta hace muy poco. ¿Tenían fundamento sus advertencias malevas? ¡Qué macana!
Estoy creciendo para hacer que ya no me calce el disfraz de pelotuda. Hoy en el colectivo pensé en aquella triste, errática mujer. "¿Cómo la puedo ayudar? ¿Puedo ayudarla?", me pregunté. ¿Acaso tengo la opción de convertirme en la figurita difícil que el casillero no esperaba? ¡En la cuadrilla de los títeres amargos no contaban con mi astucia! ¡Asomen a ver qué escondo debajo de la manga!
Indicación: no esperar a la estrella fugaz para pedir el deseo. La decisión reposa en mí. La decisión me mira.
Tal vez la mujer errática y yo podamos sacar a bailar a las lunáticas ariscas que hay en nosotras y armemos con ellas una ronda; tal vez nos sepamos finalmente bajo el cielo.
Esta vez las voces que narran mis pasos pronuncian el discurso que redacto yo.
El acontecer nacido de la máquina de escribir.
¿Una enunciación desesperada antes de que desfallezca vaporosa la última ceniza de vigilia en estos párpados?
Ordeno que encontrar la vida en cada rincón de mi cuerpo sea mi nueva forma de pensar, y que comunicarlo sea mi nueva forma de sentir.