sábado, 13 de marzo de 2010

Anahí

Anahí. ¡Anahí! No, Anahí no está, está en Pergamino y vuelve el domingo, el lunes, ya no sé, después de Pergamino no escuché más nada. Una pulsión me empuja hasta la computadora, la prendo, ruidito, ruidito, luz, ruidito, se prende, soy peligrosa, lo sé, es peligroso estar una vez más sentada acá prendiendo la computadora, quién sabe qué podría terminar haciendo. Quién sabe si no termino repitiendo los mismos malos hábitos de siempre, que hace tanto aprendí por inercia. No, no, tengo que ser fuerte, yo puedo, si me tiento con cualquier cosa que se aparte de mi camino hacia la liberación me meto rápido en google a buscar la biografía de Emir Kusturica para distraerme. Maradona, Kusturica, galletitas de agua con queso, calle mendoza, entro al local de ropa deportiva a buscar el pantalón que dejó encargado mi hermano, y sí, si no yo no me voy a meter ahí por cuenta propia, qué quieren, y escribí rápido bien rápido que así capaz que no pensás, Sofía, capaz que alguna vez dejás de pensar, sí, todos te creemos. Así fue el día, empezó a las tres de la tarde con unos ojos demasiado difíciles de abrir después de un puñado de sueños enfermos que me hacen doler la cabeza, que no recuerdo, que no quiero recordar, no sé. Teatro, teatro, quiero hacer teatro. Dónde, cuándo, con quién, cómo, cómo le digo a estos dedos holgazanes que busquen algo que valga la pena buscar. ¿Rendirme? ¿Pensé en rendirme? No, no, rendirme no, pensé en qué pasaría si me rindo y me asusté, me asusté pero después sonó mi teléfono y me tuve que ir a atender y cuando estaba charlando con mi pequeño hermano que piensa en mí desde Buenos Aires llegó mi hermosa prima y me saludó y mi tía y mi mamá que ahora hablan a los gritos y bueh.