martes, 16 de marzo de 2010

Nadie se atreva (a tocar a mi vieja)

Cuando la sombra de la tarde descansa sobre nosotras y yo descanso junto a vos te miro y me pregunto, me pregunto qué haría si no te tuviera, si no tuviera más tu inmensidad y tu calor. Porque a veces me parece que el amor sólo existe en los poemas, pero vos me mostrás cuánto me equivoco. Y me enojo porque sos tan sencilla y porque estás tan cansada, y me enojo porque fumás como un murciélago y porque hablás muy fuerte. Porque no te gustan mis cosas tristes, porque a las dos nos gusta Chopin pero cuando yo te pido Debussy me decís que no. Porque cuando toco algo melancólico te vas. Y ni siquiera te ayudo a poner la mesa, porque me criaste como a una princesa en una casa de muñecas, y yo me quejo y no hago nada. Pero cuánto, cuánto me gustaría ser apenas una diminuta parte de todo lo que vos sos, y cuánto, pero cuánto te debo, mamá.