miércoles, 24 de marzo de 2010

Duchess (and my mom's bleeding)

Me pidió que la sostuviera para ponerle la pipeta y obedecí. Mi gata estaba tranquila y ausente como siempre cuando mi mamá se dio cuenta de que le había puesto la pipeta para perro (la caja reposaba chistosa al lado nuestro, con una foto bien grande de un perro, sí, má, un perro) pero ya era demasiado tarde, y entonces mi mamá le frotó una servilleta para intentar secarla. Consulté las indicaciones y por un momento no pareció haber ninguna señal de que nuestro percance hubiera sido tan grave, pero entonces, así de simple y de terrible (cuanto más simple más terrible) apareció de la nada una sola línea que rezaba en negrita y mayúsculas "no utilizar en felinos". Mi mamá llamó al veterinario y él nos dijo qué hacer. "¿Y qué le puede pasar?" "Se puede intoxicar." En el baño, tres personas y un gato, pequeño, peludo e insignificante animal doméstico, las tres personas luchando (en verdad luchaban ellos dos mientras yo miraba y gemía cosas sin sentido) y el animal repartiendo zarpazos de lo más retorcidos y brutales, al compás de su llanto lastimero (no era un maullido, era un llanto, más humano que felino, pero más otra cosa que humano). Yo dejé caer abundante el detergente y luego recurrí a un algodón con alcohol, y después ella se echó a correr. A mi mamá le sangraban los brazos.