sábado, 11 de septiembre de 2010

Comiendo cereales Nesquik de mi mano como mendigando los bocados.
Sacudiendo el rojo y el vapor de mi cara porque a mis hermanos no les gusta jugar a las Barbies, les gusta el balonpié - y pedirle peras al olmo.
Torciendo la rodilla y masticando el dolor. ¡Soy una antigüedad!


Tenés que hacer ejercicio. No podés tener dolores de viejo.
Así hablaba el traumatólogo que me miraba en mi pose chueca y se quejaba
de la gente que agradece las operaciones exitosas a Dios.
¿Te golpeaste?
No.
¿Te despertaste alguna vez de dolor?
Eh, no.
Mis excusas pueden no ser válidas, y puedo estar de acuerdo con agradecer
a un ente más cercano
las maravillas de la curación,
pero mi madre no sufre de una rodilla caprichosa.
¿Se golpeó?
No.
¿Se despertó alguna vez de dolor?
Ehhh, no.
No se despierta porque directamente no puede dormir, Doc.

conversación entre el morrón gigante y yo.
"Sos la única que no está viendo el partido de las Leonas."
"Ah."
"Sabés cómo van?"
"Cómo."
"Ganan."

conversación entre el morrón gigante y el fosforito.
"¿Podemos ver un capítulo de Yu Gi Oh?"
"No hay internet." (mientras yo estoy chateando)
"¿Podemos jugar a la wii?"
"Sólo si me decís la raíz cuadrada de menos cuarentainueve."


Callada lubricando mis encías calladas. Contando los segundos hasta ponerme el saco y salir.
Limpiando de mi mano las migajas de lo que no quedó.