Cuando Rainn Wilson mane corpóreo de la pantalla de mi televisor una de estas tardes diáfanas y me empiece a hablar como si nada, me sentiré un poco menos alienígena.
Me sentiré un poco menos dilatada, un poco menos la mofa de algo más.
Entre los sweaters de feria americana, entre grasitud y pringue, en el suelo, adivinaré debajo de mis uñas un poco más de pensamiento y un poco menos de hollín.
Cuando debiera ser al revés.