El abismo tornasolado de tu marrón. Brotado de unos bucles canosos sobre lo negro, me inquietó, te mistificó. Cuándo dejarás de ser una estatua que se aposenta en el silencio de la piedra. Cuándo me atreveré a ser martillo. De quimeras y estrellitas teñí el vergel de la impotencia. El que te hizo presa y me encerró a mí. Quiero escaparme por las esquinas de mi piel y despertar tu garganta insoslayable, la que se oye cuando habla y cuando no. Impera el apuro de ser martillo golpeándose en todo lo tuyo. Impera el así dejar de necesitarlo ser.