La calma mocosa.
Corazoncitos nutridos de vergüenza.
La calma se hace moco en los nutridos de la vergüenza y su ungüento.
Y todos los corazoncitos revientan dentro mío. El mío, el tuyo, los demás.
Mi cordura se hace pis.
Siguen pasando las diapositivas de los colectivos y los ruidos de los colectivos.
Mi estómago llora. ¡Achís!
Salud. Mis vértebras se acongojan.
No avanzo pero menos ando cuando no es de esta forma.
Recuerdo y reprimo, desciendo y camino, sensible y simplona.