lunes, 8 de noviembre de 2010

Pongo cual tarea la consigna nombre, con lo que me refiero a poner un título que anteceda a lo titulado. (Ni siquiera es verdad, porque empecé a escribir antes de elegir el título.)
Pero sí es cuestión de que hoy caminaba y pensaba cosas, o las pensaba cuando dormida, cuando en el bondi, cuando remordiéndome por las penurias sufridas por la pobre Anahí. Aguantame que ahí voy. Cuántos mensajes míos suenan como ése. Siempre haciendo al otro esperar.
Y así también decir "Creo que se me está haciendo tarde", cuando me pasé dos horas del horario.
Horas, días.
Hace más de cuatro días, aunque no sé ni me interesa saber realmente cuántos, entregué un maldito folio con hojas de papel adentro. ¡Nada más maldito que un folio con hojas de papel adentro!
Y me pierdo, y me vuelvo a encontrar. Pensé recién, pero no recientemente: "¿Ésta es la que yo era?" Y casi que la respuesta es sí.
Casi, casi.
"Ya lo sé."
"Sí, sí, vos siempre sabés todo."
Te equivocaste. Sólo casi. Hoy no sé.
¡Sagaz! Un muchacho me llamó sagaz. ¡Muchacho! Ojalá vos sepas lo que yo no.
Ojalá la chica sagaz de la que vos decís saber haya entregado un folio maldito que se convierta en bendito y así se desenvuelvan en lo venidero demás asuntos de su terca existencia.