viernes, 5 de noviembre de 2010
Tomados mecánicamente de la mano en un intento de cumbia nos balanceamos Totó y yo. Él desprendía la medida justa de un suave olor a vino fuerte, la justa como para no dictaminar sentencias temprano, la justa como para balancearnos así. "¿Qué es esto? ¡Un vals del subdesarrollo!" Lo interesante que decir se fue perdiendo en lo dicho, la noche moría joven. Otra vez nos somos compañía en la ronda en el piso, mientras el frío golpea las espaldas y las tetas se escapan siempre un poco. "Qué linda, qué maravillosa que es Lulú", sigo pensando, y las certezas se asoman a la luz de una tristeza. Cosas como la tristeza en veladas como ésta suenan a monólogo interior reflexionando el anotar en mi agenda lo muy pertinente de que hoy me perdí una clase sobre Macedonio Fernández.