lunes, 8 de noviembre de 2010

"Vení que toco algo",
dije a mi cómplice
aprovechando que el bar era un tumulto de gente que iba y venía sin mirar.

Nos escabullimos hasta el piano,
abrí la tapa.

"Hoy saqué Something",
dije.
Acto seguido,
toqué All my life.

Mis deditos no parecieron temblar al principio.
Mas luego un estudiante de Arte que pasaba de pronto me dijo:
"Tocate un punk rock",
y me desbaraté.

¡Ay, ay, ay! El vacío debajo de mí,
no había silla, toda silla
la abarrotaba la muchedumbre,
la muchedumbre
me incomodó.

¿Toco Something?
¿La toco?
Dudé.
Miré
el mi, el sol y el do con que empezaba la derecha,
y rajé.

Nos aplastamos en los antiguos asientos. Di un sorbo al tinto y me guardé el puchero.

Un grupito se amuchó
en torno a una melenuda
sentada en una silla frente al piano.

Mi pánico a continuación
se convirtió en un niño de carne y hueso
timorato con pecas y un apósito en la pera.
Se paró al ladito del piano
y se acurrucó en la esquina contra la pared,
espiando con recelo en la penumbra de la luz verdosa y mi fabulación.

Me entristecí un poco cuando mi niño me dijo al oído que la melenuda estaba tocando
All my life.
Me acongojé algo más cuando me susurró que estaba tocando Something.
Él hizo pucherito.