No está bien inventar grises / donde no los hay por pavor / a acusar un presente revuelto y renegrido.
No existen las escalas sin extremos. No está bien
la admiración enceguecida del banquete,
la admiración que paraliza,
que entumece
los miembros y no deja comer.
Allá hay un cúmulo de gente reunida y regodeada
en el manjar,
en la celebración de él.
Se llenan de fruta tibia las manos
y dejan correr el jugo oscuro como la sangre.
Profundo como la herida.
Los ánimos serán regurgitados, las fauces
se abren como cuevas
y aves salen,
aves salen.
Allá hay un cúmulo de gente reunida y regodeada
en el manjar,
en la celebración de él.
Más aquí hay un niño pequeño, con una lombriz en la panza
y hambre en la matriz.
¡Los cisnes negros se abalanzan, se abalanzan! ¡Los cisnes negros!
Procura, renacuajo, atragantar tu pena y permanecer quietito aquí.
¡Los cisnes negros se abalanzan, se abalanzan! ¡Los cisnes negros!
El aire se pregunta si llegarán hasta aquí.
Allá hay un cúmulo de gente reunida y regodeada
en el manjar,
en la celebración de él.
Traga saliva si aún te queda, buen niño,
abrirás tu boca y nadie quiere que la sed
haga de tus pobres mariposas nocturnas unas pocas;
ya era suficiente con lo ingenuo de las ganas
de, un día, verlas en vuelo ascender.