"Las contingencias pueden empañar los vidrios del vehículo pero el camino es el mismo, Julieta!" Esto dije tras calzarme los zapatos de profeta, habiendo previamente aclarado: "No dejo que nada monopolice o distraiga demasiado mi energía". Se me ocurren muchísimas encarnaciones posibles para la segunda persona gramatical de esto. Es decir, vos: la pared de mi texto. ¡Sí, vos! Una telenovela de la tarde, una foto en el relicario, pañuelos descartables, pasar caminando por el que fue el geriátrico de Chiche.
Charlar con vos.
Charlar con vos.
Los rulos del cable teléfonico se refocilan, jugueteando entre mis dedos distraídos, numerosos anillos graciosos en un maleable tobogán de los discursos hogareños, ¿será que ellos me inspiran tan poca seriedad que no puedo dejar de sentirme invitada a la fiesta de la pereza sin fin?
Mi pesadilla tiene cuatro patas y bigotes blancos. Maúlla.
Claro que esto no tiene mucho más de inteligible que de cocorito, pues creo que a despecho de una previsible roña estomacal me tomaré otro café, antes de organizar definitivamente mis materialidades.
Persisto en no soltarme de mis benévolos "A pesar de todo". Pared, casi me presto a no aclararte que éste no fue un intento de legitimación en vano.