domingo, 5 de julio de 2009

La libertad


Cuando estoy cansada o enojada tengo la costumbre de apelar siempre al mismo recurso retórico. Digo que necesito ser libre y desatarme de las obligaciones y complicaciones de la vida terrenal. ¡Qué viva! Así cualquiera. Mi estructura de conciencia en las situaciones de estrés es bastante simple: en algunos casos me imagino viviendo en un país extranjero donde hablo otro idioma y no conozco a nadie y nadie me conoce a mí, donde no están ni mis familiares ni mis amigos ni nadie; en otros simplemente visualizo cómo sería estar tirada en una isla paradisíaca y desierta. El cuento de la libertad es sin duda el favorito de mi imaginación. Miro a mi gato y mi perro y los envidio por no tener absolutamente nada que hacer en la vida, nada que hacer de su vida y ningún tipo de apego a normas morales de conducta. O escucho hipnotizada las aventuras de mi amiga Natalia, que tiró la facultad por la ventana y se fue a vivir a Buenos Aires a estudiar teatro. Y pienso, "¡Ay, si yo fuera como ellos!"
Hoy fui un poco más lejos en la reflexión sobre la libertad y me di cuenta de las muchas complicaciones y ataduras internas que tengo en mi vida "terrenal". Pensé específicamente en hombres, y acá (por el bien de ustedes) no voy a empezar a contarles la historia de mi vida y mis amores porque tomaríamos senderos demasiado sinuosos, pero me pareció algo importante porque el tema me reveló cosas interesantes sobre el fantasma de mi conciencia. Aquí el término terrenal se va haciendo cada vez más confuso y borroso, hasta el punto de no distinguir más los límites de lo material y lo abstracto ni la relación entre ambos. Probablemente mis conclusiones hayan tenido mucho de psicoanálisis infiltrado porque terminé recurriendo sin más a mis vagas ideas personales sobre la muerte y la sexualidad, y empecé a tratar de cuestionar cómo me comporto yo con respecto a ambas. ¿Cómo vivo yo la muerte y la sexualidad en mi vida terrenal de todos los días? ¿Y en mi neblinosa estructura de conciencia...? Recién acaba de pasar mi perro por la habitación, y no saben en este momento cuánto desearía ser él.