domingo, 23 de mayo de 2010

Versos en la pared

"Un paredón y una metralleta y soy feliz", escribí yo que dijo Cacho, y así me arrancaba con uñas de la monotonía de la noche, bic negra prestada, sobre la barra de mi bar, por encargo de un mecenas que cuando digo 'mecenas' sabe muy bien que me refiero a él. " «Un paredón y una metralleta y soy feliz», dijo C", escribí y no alcancé a terminar "Cacho" que me vinieron a interrumpir.
- Yo una vez sentí que necesitaba escribir un poema para expresar lo que el río significa para mí - dijo. Los pelos desordenados del vago estaban en sintonía con los míos, su mirada firme y segura se enfrentaba con mis ojos de Bambi. -. No sabía cómo hacer para explicarle a mi amigo lo que el río y lo que ser rosarino significan para mí. Así que escribí un poema en la pared de un galpón. Vivimos en el paraíso y no nos damos cuenta, che.
Y me recitó el poema.
"¡Ahhh!", exclamé y le pedí que lo escribiera en mi libreta, el poema en serio era una cosa de otro mundo. Me regaló sólo los últimos dos versos, y renegó de tener mala letra - no sabía que su letra era perfecta, y que yo me regocijaba de ver bailar sus dedos con la birome sobre la hoja. Para prevenirme del pulso frágil pero inevitable del olvido, que borra todo a su paso, anoté su nombre. Muchacho con carne de poeta que meneaba la cabeza aquella noche cuando yo le decía que, poeta o no, tenía sin duda una vena latiendo.
No querría que le robe yo el poema, por eso no me lo escribió entero. ¡Pero yo jamás se lo habría robado! Y sin quererlo igual me lo regaló.