sábado, 12 de junio de 2010

Excusas para dilatar el hacerse cargo de las obligaciones

Tal vez entró algún tipo de animal salvaje a mi habitación cuando yo no estaba presente, o tal vez haya un nido de chinchillas debajo de la cama, porque el otro día encontré el cable del velador -velador que no tiene mesa ni lugar fijo, sino que va cambiando de lugar con la voluntad del viento- roído, destrozado. Al carajo la posibilidad de luz de madrugada para poder leer a escondidas.
Entonces, robé el de mi hermano, que tiene un cable considerablemente corto, por lo cual tuve que retorcerme y asomarme fuera de la cama para llegar a iluminarme apenas, y leer.
Sí, tendría que haber estado estudiando porque se avecina una abundancia abominable de exámenes, pero preferí leer.
Tres Coma Catorce, léase mi amiga Pi, vino a mi casa, justamente, a estudiar.
No lo hicimos.
Nos enredamos hasta las cuatro de la mañana en una conversación enmarañada sobre cosas tan disímiles y peludas como son las relaciones humanas, los besos insulsos, los secretos del rincón oscuro de la conciencia, la depilación de las partes pudendas. Hasta nos pusimos un poquito melancólicas, un poquito serias.
Hoy me levanté a las Ocho Menos Cuarto, y, déjenme decir, un poco al pedo. La mañana me ocupó de la siguiente forma: 1/4 de estudio; 3/4 de charla amena, mate, papas al horno, café, La aventura del pensamiento de Savater y una cachorra juguetona que se llama Paloma (que más que una paloma parece una suricata).

There are places I'll remember
All my life, though some have changed
Some forever, not for better
Some have gone, and some remain

¡Las circunstancias apremian! Ahora también, lo sé, debería estar estudiando, y no cantando otra vez, por milésima y definitivamente no por última vez, esa canción.