martes, 8 de junio de 2010

Recortes del rabo de una semana y la nariz de la que le siguió

- Las tres lechonas estaban tiradas en la pieza sin noción de las cosas y del tiempo, los colchones en el piso y las sábanas desordenadas. El tema de Joyce y Lacan las ocupó por cerca de tres minutos, y entonces la Sarli dijo: "Hablemos de hombres", y a la mierda Joyce y Lacan.
- Yo reposaba mis piernas estiradas sobre la pared y las observaba, o más bien observaba la silueta negra que de ellas dibujaban las suaves medias cancanes. Asuntos que surgieron en la conversación mientras yo miraba mis piernas y pensaba en hombres: mis zapatos pequeños, mis botas de empleado de Acindar, mis pelos despeinados. 
- Empecé a soñar con un chef. No entablé conversación con ningún vendedor de ninguna librería este fin de semana.
- Descubrimos a mi papá deambulando borracho en calzoncillos por la casa como buscando algo. Luego palmó sin más en la privacidad de sus aposentos y nadie jamás lo pudo despertar, con lo cual yo aproveché para tomarme un dulce vino oscuro. Mientras, Maricel y Marisol me contaban sobre el chef. Los calzoncillos de mi papá eran rojos, con corazoncitos blancos.
- El insomnio nos agarró desprevenidos y nosotros nos comportamos como dos pendejos. Se acercaban las altas horas de la mañana cuando Mariano y yo descargábamos los planes de estudio de todas las ingenierías habidas y por haber, y la amenaza tácita del sol cada vez más cerca.
- Terminé la velada pegando en mi agenda, en el día de mi cumpleaños, con un marco de preciosos firuletes negros en birome alrededor, una figurita de un paraguayo llamado Cristian Riveros, que forma parte del seleccionado de dicho país en este mundial, y que cumple años el mismo día que yo.


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