lunes, 4 de octubre de 2010

¡Ja! Haciendo de cuenta que importa aún todo eso. Que sea lunes sólo acrecienta lo ya sórdido de vivir semanas. Meses y relojes de bolsillo; meses y relojes de pulsera que queman muñecas.
Que sea lunes es el fondo del pozo cuando empiezo a subir.
Subo, subo, miércoles, jueves, domingo. Me caí.
Que sea lunes recuerda que fui Ganelón muy independientemente de los días y sus nombres. Recuerda lo absurdo de que un día tenga nombre. Y lo más absurdo de ser Ganelón, la manzana podrida, llorando por un olifante, y habitando nomenclaturas.