viernes 13 de enero de 2012

Sólo soy fuerte cuando confieso en voz alta mi terrestre debilidad.


Después de saludar a la dama blanca menguante, la arquitectura se escondió en un algodón. 
Yo te estornudé todas mis pequeñas sinceridades. 
Para asegurarme de creer que seguían existiendo los colores, dije que mi patología cenicienta era la paleta que tenía más a mano. 
Siempre que descienden noches así me reúno entre mis quinceañeras a sopesar las fuerzas que no tenemos para servirnos el té las unas a las otras. Guardamos silencio, mientras un clavicémbalo de cera se derrite en nuestro corazón.

Ella dijo que en aquella época se sentía como si no tuviera defensas, como un celofán alrededor de un paquete de cigarrillos. 

sábado 31 de diciembre de 2011

Cuando entré a la pieza, por algún motivo, pensé en "The logical song" de Supertramp. Echada en el colchón, monté mi lógica en la corriente de aire fresco del ventilador y dije adiós. Entonces, oí el eco lejano de una radio. The logical song. Me levanté y senté a escribir esto, que quería ser, quizás, sobre la conciencia de dos dolores y la conciencia de un misterio, que quería ser, quizás, sobre alguna duda particular y, en general, sobre algunos convenios, no lo sé. 
En el camino de regreso desde el videoclub hallé una pluma de paloma en el suelo. Esto me remitió a todos los momentos significativos recientes en los que, también, hallé una pluma de paloma en el suelo y la levanté. Levanté esta pluma, pues. Recordé, a su vez, que el día de ayer iba caminando por Urquiza, sudorosa bajo el sol de verano que hacía arder el pavimento, y también encontré una pluma, pequeña y grasienta, de tonos castaños.
Ésta se diferenciaba de todas las demás. No parecía ser de paloma, de ninguna manera. El momento en que mi camino y el de dicha pluma se cruzaron, como era de esperar, también se diferenció de todos los demás momentos en que mi camino se cruzó con el de plumas de palomas. Yo venía por la calurosa Urquiza de la tarde de ayer pensando seriamente sobre la vida, sopesando inminencias de un futuro en gestación, a conciencia salida un poco de la consideración exclusiva del presente, o, quizás, más que nunca en esa consideración.
Estaba renegando de mi propia cordura escrupulosa, cuando, a unos metros, vi un hombre canoso en motocicleta que se alejaba por Urquiza, en la misma dirección que yo, y que, mirando sobre su hombro, me saludaba con una mano. Ante semejante gesto inesperado, le dediqué una simpática carcajada y correspondí el saludo. El hombre desapareció en la distancia.
Cuadras después, mi reflexión se había amenizado. Mientras mi cabeza se ocupaba ahora en tender una alfombra de flores sobre el horizonte de la jornada, algo me hizo reparar otra vez en una motocicleta. Era el mismo hombre canoso, estacionando sobre la vereda. "¿Vamos?", me decía, dando unas palmadas a la parte trasera de su asiento. "No, no. Otro día", solté con franca amargura, sin detenerme por un instante. El hombre insistió un poco más y me siguió unos metros. Ante el callejón sin salida de mi espalda hirsuta y el rechazo inmutable que mi espalda pronunciaba, el hombre se resignó y retomó su camino.
A continuación, mi andar se pobló de pensamientos sobre la gente y las sorpresas que nos deparamos entre nosotros. Recordé que Sasa había dicho una vez que la locura creativa y, en mi caso en particular, la risa, rúbricas personales de quien se abre un poco de los márgenes de lo establecido (para acomodarse mejor en los márgenes de lo no tan establecido), descolocan a la gente, desconciertan.
"La vida es un concierto. Por favor, no desafines."
Ésas fueron algunas de las palabras que Mariano recitó del pequeño libro de sabiduría de bolsillo anoche, luego de que el sol hubo caído y drenado con su puesta mi angustia, y Tobías y yo, de pies descalzos sobre las sábanas y con los ojos de la imaginación abiertos, confeccionamos una lista de menesteres imprescindibles para viajar a la estrella Betelgeuse cuando seamos más grandes.  

lunes 26 de diciembre de 2011

Soy un búho que luego fue una alondra y ahora no es ninguno porque será ambos a la vez. 

jueves 8 de diciembre de 2011

Esa delgada línea entre los libros de autoayuda y todo lo demás hace un rato dejó de existir.



(por favor burlémonos de mí)

porquería sagrada

El ejercicio consiste en colgarse de la consigna como de un salvavidas en medio del océano de lo desconocido. El bañero pasea en lancha y dice que no sabe nadar. Y en la quietud, y en la comodidad, el termómetro se enfría. ¡Siga el baile! ¡Ay, horrible, imprescindible sinceridad! Este pecho es este nudo y éste es el nido de la idea de Fulano. ¡Ay! Sí. Paprika es esa muchacha histérica que llevás en vos.

Es quien intenta, mientras vos paseás tranquila en bicicleta por las plazoletas de tu imaginación arbolada, treparse a tus espaldas, por la fuerza, y te arroja -vehículo, esqueleto y espiritualidad- a las mismísimas profundidades del carajo.

Una y otra vez, Paprika asoma por una ventana. Desespera, mira y se vuelve a esconder. Escudriña con hambre de ver lo que tiene hambre de ver. Los pelos se le erizan, abominables calambres amedrentan sus músculos, sus partes, sus lunes, sus martes.  
Paprika no sabe descansar.

Yo también soy ella. 
Duermo abrazada a una almohada imaginando que es una persona. Me miro en cada espejo que encuentro. Me observo largamente. Quiero ser linda. Recuerdo a Fulano en cada pequeño momento feliz. 
Lo siento en la brisa, lo evoco en la alegría y la tristeza. 
Le dedico los silencios más profundos. 

Yo soy una gatita mimosa y tranquila. Pero cuando salgo de mi letargo agridulce y sentimental, para subirme, otra vez, al tren de la colectividad y la costumbre, contraigo un poco mucho de Paprika.
Entonces, asomo una y otra vez por la ventana de la realidad. Redacto epopeyas grandiosas sobre la vida feroz que me tiraniza y reduce a la pobre cucarachita solitaria que suelo ser. Soy la misma tragediógrafa que me eligió víctima favorita de las peripecias estúpidas del severo, importante dolor.
Exagero, por supuesto. De gala visto mi sufrimiento; en el país de los lamentos, pues, el mío es Rey. 
¡Oh, Tuerto!

En la ciudad de Mendoza, en octubre, mientras duró el Encuentro de Letras y nuestro placer de foráneos visitantes, la célula madre de una canción de Sui Generis hizo cuchita en mi cabeza. Ya estuviésemos entrando a una ponencia sobre Haroldo Conti, nos encontrásemos tomando una siesta en la sombra generosa de un árbol, o nos viéramos ocupados en la tarea de emborracharnos en el patio del gimnasio, yo cantaba desde el alma: ¡Bienvenida, Casandra! 
Uno de esos días, mi mamá me llamó por teléfono para informarme que mi familia había adoptado a una paloma malherida que encontraron en la vereda. El nombre con el que la habían bautizado era Casandra. 

¿Me atrevo a ser la tuerta entre las ciegas de mi alma? 


miércoles 23 de noviembre de 2011

Una vez me escribí en el cuerpo una palabra sobre la cual dijo esto Bob Dylan:

"La verdad era lo último que tenía en mente, e incluso si existía no la quería en mi casa. Edipo salió a buscar la verdad y cuando la encontró, su vida se fue al carajo. Como humorada me parecía bastante espantosa. Así de maravillosa era la verdad."

miércoles 9 de noviembre de 2011

Odontólogos, estetas, figuraciones lo aconsejaron. Argumentos fueron: "vos que querés ser actriz" y demás ridiculeces, eructo de neuronas cuadripléjicas en el cerebro de la cotidianeidad (pero yo aseguro, con el aval de todas mis dudas, que cada cosa es, en esencia, un ridículo mayúsculo). Y hoy me miro en la pantalla y sonrío. Miro con más atención. Allí, mis dientes. Siempre falta uno. ¡Y yo, que quisiera ser actriz, debiera de tenerlos todos! Mi dentadura, no obstante, ha sido más generosa en dientes que mi frasco en caramelos. ¿Puedo ser actriz, faltándome caramelos en el frasco, pero no puedo, de carecer mi boca de un mísero, insignificante enano blanco? Incisivo lateral izquierdo para ser precisa. ¿Alcanza? Se sacude el mambo y, en la cresta de la ola, naufrago.

sábado 15 de octubre de 2011

mamá me regaló el tiempo para que invente nuevas formas de decorarlo.

domingo 2 de octubre de 2011

mi querido mi noche mi fulano

domingo 25 de septiembre de 2011



Casi como quien golpea su nariz muy duro y luego coloca dentro de ella, para detener la sangre, un manojo interesante de colores brillantes, reunidos en un crisantemo pompón.
Casi como quien lo hace para que le lloren los ojos de la alergia, y para estornudar su hemorragia al divino botón. 




jueves 15 de septiembre de 2011

Últimamente me dan ganas de que los abrazos no terminen nunca.

"¡No se pone con línea oblicua!", brama Xixa a Chinchulín. Me abstraigo de toda matemática, miro para un lado y me digo que poemas también extienden los brazos generosos, ofrecen su guarida, espaciosa algunas veces, de cuando en cuando un poco fría.
Olía yo el césped hoy en el remanso del día inclasificable y Escudera dijo: "Están cortados verdes para algunas cosas".
Precoz o veterana, de mi collar de poemas que abrazan, obsequio del azar menos azaroso, dejo aquí constancia. 

lunes 25 de julio de 2011

Felicidades

"Qué zurda!", ríe Georgia por lo bajo. Hago una mueca, mientras ella remata con picardía: "El peronismo es dadivoso." Durante la cena, Lolo prestidigita palabras, oficia de orador con labios temblorosos por el vino.
"Sofi, ¿a vos te parece mal lo que digo?"
"¿Qué?"
"Que Mariano lleve un par de forros en la billetera. ¡Por si tiene algún approach! Si no, hay otro remedio: nitrato. Ni trato de ponerla."

Cuando mi concentración pierde el rumbo y mi cabeza empieza a despotricar contra sendas realidades preconfiguradas y condenados aburrimientos, rectores del mundo y de la vida, siempre puede aparecer alguien maravilloso que me regale un chiste o que me diga:

"Con agua oxigenada, bicarbonato de sodio y una bebida que contenga cafeína y colorante, ¡te armás un líquido fosforescente re copado!"

viernes 22 de julio de 2011

Rastreo una huella en el asfalto.

jueves 21 de julio de 2011

Quisiera volver a leer lo que ya escribí, rompí y tiré.

Esta vez sí fue una carta corpórea, un trazo directamente salido de mí. Una prolongación de mi brazo en ritmos y respiraciones, cursivas improvisando piezas de baile en las imprentas minúsculas que exigí a la birome. Pelitos enrulando la prolijidad, decoración del castillo de papel ceniciento que se alzó sobre el miriñaque de mi reflexión.

Las trombas furiosas del calendario y la distancia se morfaron mis buenas intenciones; me eructaron en la cara. Fui dejada boyando en una selva inhóspita y sentimental.

"¿Estás triste?"

"Lo mismo de siempre", argumenté, de congoja atragantada.

Luego, cansada (y deseosa) de cronopios, preguntaría:

"¿Cómo cambiamos la vida sin salirnos de la vida?"

La silueta de Cortázar sobre un elefante.

El nautilo en el sueño de Santiago.

La taza negra vacía, de las horas en vela compañía. Abrir los ojos y prometer en voz alta que no duermo.

Mi cuerpo no entra en la cama estrecha al lado del teclado, mi mano aferra mi teta izquierda y mi rostro enfrenta, gravedad y mutismo mediante, el terco paisaje de un pobre cielorraso.

En efecto sí fue una carta corpórea. Una entre muchas prolongaciones de mí y de mi brazo. Después de que los fantasmas tuvieran su fiesta, mi gata remolona hizo volar el rompecabezas con un solo desliz de su cola frondosa, y yo quedé atropellando los segundos en la recolección, uno por uno, de los fragmentos del manuscrito que por un momento quise haber recuperado.
Mientras Gary esgrime en la guitarra un lamento sobre callejuelas parisinas, un hombre es la congregación de todos los acordes y misterios que los días me tatuaron en el alma; la música es el origen y el bálsamo de mi desgarro.

domingo 10 de julio de 2011

jueves 7 de julio de 2011

De repente, estoy en una reunión con amigos hablando sobre el rol fundamental de Clarín en el ascenso de Belgrano, la oligopólica difusión facsimilar del Arte del Bicentenario, la transformación del Rubro 59 en un acervo de informaciones encubiertas y el proyecto de los cuatriciclos de Boasso, y me abstraigo para reconocer en mi cabeza la inminencia de dos sentimientos imposibles de ignorar. Uno es cariño. El cariño inmenso de quien viste de cierto aprecio por la vida el encontrar hoy los rostros inevitables de la nostalgia de mañana. Tengo una forma maricona de querer. El otro sentimiento es la invitación a un terror. Recuerdo aquella mujer que tenía pelo de escobillón y que nos solía perseguir de niños. Sus ojos trataban de mantener impasibles las cortinas de una tranquilidad forzada, cuando quería sostenerme la mirada. Detrás, siempre supe que eran ojos batiéndose a duelo consigo mismos. Recuerdo aquella mujer. ¿Habrá sido en algo bruja? Vestí los aros que me obsequió hasta hace muy poco. ¿Tenían fundamento sus advertencias malevas? ¡Qué macana!
Estoy creciendo para hacer que ya no me calce el disfraz de pelotuda. Hoy en el colectivo pensé en aquella triste, errática mujer. "¿Cómo la puedo ayudar? ¿Puedo ayudarla?", me pregunté. ¿Acaso tengo la opción de convertirme en la figurita difícil que el casillero no esperaba? ¡En la cuadrilla de los títeres amargos no contaban con mi astucia! ¡Asomen a ver qué escondo debajo de la manga!
Indicación: no esperar a la estrella fugaz para pedir el deseo. La decisión reposa en mí. La decisión me mira.
Tal vez la mujer errática y yo podamos sacar a bailar a las lunáticas ariscas que hay en nosotras y armemos con ellas una ronda; tal vez nos sepamos finalmente bajo el cielo.
Esta vez las voces que narran mis pasos pronuncian el discurso que redacto yo.
El acontecer nacido de la máquina de escribir.
¿Una enunciación desesperada antes de que desfallezca vaporosa la última ceniza de vigilia en estos párpados?
Ordeno que encontrar la vida en cada rincón de mi cuerpo sea mi nueva forma de pensar, y que comunicarlo sea mi nueva forma de sentir.

martes 28 de junio de 2011


revoleo la cachiporra
alfileres somos, a su alcance
¿quién da órdenes a mi brazo?
me cayó una cabeza en el piano
me gustaría llover
encima de todos

la cachiporra me mordió 
la piel de gallina
el abrigo que uso y embadurnaré
con betún para payasos


domingo 26 de junio de 2011

martes 21 de junio de 2011

Más inmediata que ecuménica, inefable sí y epistolar.

Decidí andar con la vida a cuestas en la hoja que llevaba impreso el mensaje que le escribí a Nicolás. "El don de sacar excusas de la galera de la pelotudez", se llamaba el mensaje, y más que un mensaje parecía una carta, un manuscrito importante y cercano, un texto procesado por el pulso y el tiempo real de mi diestra. Comenzaba con estas dos palabras: "Ni histérica". Pero, de repente, estoy hecha un desparpajo de ropa holgada y cabello enmarañado, que olvidé que tengo y que se supone que debo lavar, y digo - bueno, olvidé qué iba a decir.

Aprendí a no enojarme porque Pura Miel se mofe de gente que tiene un perfil que encaja -en teoría- perfectamente con el mío. Y asumo el hecho: me visto con ropa de mi madre, con ropa de mis abuelas y con ropa de fantasmas que legaron sus pedazos a una feria americana de calle san luis.

Pero no me voy a hacer la rara. Mas bien, estoy siendo muy común. También asumiré otro hecho: se me dio por colgarme de la abstracción hasta hacer agua. Me divierte nadar.
Hoy recapacité sobre algo que me dijo un amigo acerca de lo que yo llamo salir de la cueva. O lo que un amigo llama patear el tablero. O lo que el amigo de un amigo llama dar un salto al vacío. La conclusión que aventuré fue que quiero empezar a salir a pasear debajo de un ala protectora.
La duda asiste a mi función. ¿Es posible en lo absoluto? ¿No encierra el enunciado en sí mismo una contradicción? El concepto de salto al vacío inhabilita de antemano el de protección. Se define por la no protección. ¿Mi verdad depende de la terminología que escoja? ¡Basta de calidez intrauterina! ¿Saldré alguna vez de la cueva si me siento a esperar a que alguien me lleve de la mano?
La respuesta a todo es una sola, inenarrable cualquiera sea la pregunta. La traducción es "Basta de capricho".
Capricho es un niño pecoso que se marcha cuando lo logro escarmentar.
¿Cómo le digo basta al Miedo? Las dudas se ponen a gritar.
¿Y acaso lo anterior no encierra otra contradicción? Capricho se marcha cuando ha sido escarmentado. Es decir que cuando es corregido, aprende, pero no obra, sino que se va. ¿Cómo hablar entonces de un aprendizaje real?
¡Capricho, quedate conmigo!
Pero no te portes mal.